Cuarentena emocional

De repente todo cambió. El impacto nos dejó pensando en qué momento fue que todo se puso tan diferente. Algunos todavía no reaccionan porque esto ha sido tan rápido y extraño que ni siquiera ha dado tiempo de asimilar cuál es la postura correcta, emocionalmente.

Ésta podría ser la primera, y ojalá la única vez, en que tengamos que vivir la experiencia de no solo imaginar cambiar para siempre, sino también experimentarlo. Una encierro, para aquéllos que si lo hemos llevado a cabo, casi al pie de la letra, que nos ha dejado ese vacío de querer verdaderamente abrazar a nuestros seres queridos y sentir cómo, literalmente, no podemos hacerlo.

Valorar no poder sentarnos en el parque a conversar esas historias repetidas, con nuestros amigos, de las cuáles nos reímos cada vez que las hacemos. Valorar cómo teníamos la libertad de caminar entre la gente sin temor, porque ahora eso es lo que siente, un temor a un daño del que solo conocemos a través de las noticias y videos virales, porque nuestro cerebro no está preparado para asimilar que ese enemigo puede estar al doblar de la esquina.

Ahora nos encontramos en cuarentena. Una palabra que implica un encierro físico, técnicamente, por la etimología de la palabra, 40 días, pero que se ajusta a la necesidad que perciba la autoridad competente para dicho retiro, a fin de ver si no somos un número más de la indeseada estadística, o por el contrario, protegernos de no agregarnos al grupo de contagiados. Pero, ¿qué pasa con la parte emocional?

Este período de distanciamiento social nos deja innumerables lecciones, por suerte, todavía, de vida; una de ellas es que es un hecho, queda demostrado que no siempre el cuerpo está donde está la mente, el espíritu, las emociones. Las emociones no se ponen nunca en cuarentena porque el cerebro sigue fluyendo en su elaboración imparable de ideas. Lo apropiado sería poder desarrollar esa capacidad de moldear esos pensamientos y emociones para que nos ayuden a contrarrestar el peso que nos ocasione el encierro y las limitaciones. Que esto se convierta en una función de autodefensa.

Hay que evitar todo lo tóxico que es intangible, pues es más que suficiente con “el virus que anda”. Hay que replantearse la distribución del tiempo, las futuras discusiones, las futuras batallas y a quiénes priorizamos, a partir del momento en que por fin superemos todo esto. Este periodo de cuarentena es perfecto para asumir una idea contraria a eso de vivir el presente, porque como en el presente nuestro físico está encerrado, nuestros pensamientos pueden fortalecer el futuro, pues otra de las lecciones que nos deja esta experiencia es que debemos aprender a prepararnos hasta para lo que nunca imaginamos vivir, una pandemia.

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